miércoles 20 de octubre de 2010

Carta abierta para el señor Carlos Mesía Ramírez

Lima, 20 de octubre de 2010


Carlos Mesía Ramírez
Presidente del Tribunal Constitucional del Perú

Señor Mesía:

He tomado conocimiento de su comunicado de prensa publicado el día de hoy en la página web del Tribunal Constitucional, mediante el cual responde a algunos cuestionamientos realizados por el Instituto de Defensa Legal (IDL). Luego de reflexionar sobre su postura, decidí escribirle una breve carta que no tiene la intención de que Ud. la lea ni mucho menos se moleste en responderla, sino con la sola finalidad de decirle lo que pienso y las sensaciones que me ha dejado con su actitud -no solo de ahora, sino desde hace algunos años-, opinión que se sustenta en mi calidad de ciudadano y expresada en ejercicio de mis derechos constitucionales.

En primer lugar, señor Mesía, debo afirmar que no comparto con muchos de sus criterios jurídicos ni tampoco con lo que piensa del Tribunal que preside. Así por ejemplo, yo no creo que una cláusula penal de 36 millones de dólares afecte el derecho a la propiedad, lo cual fue un argumento suyo para anular un laudo arbitral. Tampoco creo que puede afirmarse que las sentencias judiciales que se aparten de precedentes del Tribunal son nulas de pleno derecho, porque este tipo de nulidad no existe en Derecho Público.

Menos aún considero que es jurídicamente correcto sostener que el precedente de observancia obligatoria vincula a los jueces al punto tal que éstos no tienen ninguna posibilidad de apartarse, pues existe la figura del distinguishing, que es parte de la teoría del stare decisis que fue incorporada en el Código Procesal Constitucional. Asimismo, creo que Ud. se equivoca en forma grave cuando desconoce normas tanto constitucionales como infraconstitucionales para hacer prevalecer la voluntad del Tribunal, como es el caso de aquella ley que dice que el Tribunal se debe pronunciar solo respecto de las resoluciones denegatorias en los procesos de hábeas corpus, amparo, hábeas data y cumplimiento, y no de las estimatorias. Discrepo totalmente cuando Ud. ha afirmado que las sentencias del Tribunal equivalen a la Constitución porque concretizan sus preceptos; esto implica una destrucción del sistema de fuentes en el Perú. Tampoco, señor Mesía, pienso que es adecuado que su Tribunal se dedique a interpretar testamentos, pues esa es labor de la jurisdicción (la verdadera), y menos aún que ignore la cosa juzgada, señalando que son cuestiones procesales que no ameritan pronunciamiento del Colegiado que Ud. integra. Señor Mesía, la cosa juzgada es un principio constitucional. No se olvide de ello.

De igual manera, discrepo profundamente con Ud. en el papel que debe asumir el Tribunal Constitucional en nuestro ordenamiento jurídico. Ud. ha dicho, muy suelto de huesos, que el Tribunal dirige la política económica, de salud, social (La Ley, N° 30). Esto se ve reflejado en los fallos sobre la píldora del día siguiente, primero, y sobre el arancel del cemento, después, contando ambas con su voto. Esto refleja que Ud. es consecuente con lo que dice y hace. Personalmente, yo lo felicitaría por esta actitud pues no muchas personas la tienen; sin embargo, pienso que se trata de un criterio equivocado y perjudicial para nuestro Estado de Derecho. Si el Tribunal Constitucional decide cuál es la política de gobierno, ¿cuál es la función del Poder Ejecutivo, señor Mesía? ¿No será que, bajo el argumento de la tutela a los derechos fundamentales, su Colegiado estará desempeñando funciones que no les corresponde? Por desgracia, cuando un órgano se irroga competencias que no le pertenecen, genera una situación de distorsión que debe ser arreglada.

Pero el Tribunal que Ud. preside es la palabra final de prácticamente todas las controversias que se suscitan, cuando el poder constituyente ni su producto, la Constitución, le han encomendado esa misión. El Tribunal debe representar el equilibrio, no el desequilibrio; debe promover el orden, no el caos. Señor Mesía, puedo afirmar sin temor a equivocarme que su Tribunal está a punto de dar un golpe de Estado, si es que no lo ha dado ya. Esta es la consecuencia de pensar que como Ud. lo hace.

Finalmente, es probable que discrepe con todo lo que vengo diciendo hasta ahora. Lo contrario me sorprendería y revelaría que Ud. no habría desempeñado bien el cargo que le fue otorgado. No obstante, no creo que la solución para defender su persona sea con el comunicado de prensa que hoy ha publicado en la página web del Tribunal Constitucional. Sus calificativos son desmedidos y excesivos, poco dignos de su investidura y que no se condicen con una discusión alturada, aún cuando Ud. perciba que las criticas son desmedidas. Los argumentos ad hominem abundan y solo reflejan un alarmante nivel de prepotencia y poca tolerancia a las críticas. Tildar a los profesionales del IDL de "papagayos", que poseen una "medianía intelectual" o que la naturaleza no les ha dado inteligencia, o inclusive afirmar que no tienen suficiencia profesional para capacitar a jueces y fiscales, son frases absolutamente inaceptables. Ud. dice que "las críticas son bienvenidas siempre y cuando se hagan con decencia, con respeto y, sobre todo, con inteligencia", pero curiosamente Ud. es el primero en no hacerlo así. En cuanto a las formas, queda evidenciado que su comunicado dista muchísimo de la declaración del IDL que fue su causa, y eso es lamentable.

Sé que es mucho pedir que cambie su forma de pensar y de actuar. Sin embargo, creo que sí me es permitido exigir que su labor como juez del Tribunal Constitucional esté a la altura de las circunstancias y que ya no siga profundizando el cisma que ha creado en el ordenamiento jurídico. Aunque tengo mi propia idea sobre cuál debería ser el futuro de su Colegiado (limitarlo a los procesos de inconstitucionalidad y competenciales y nada más), hasta ese deseado momento sólo es posible pedirle calma y tranquilidad.


Sin otro particular, se despide de Ud.


Renzo Cavani Brain

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