Aplicada a nuestro Tribunal Constitucional, no es tan difícil responder esta pregunta vargasllosiana (sí lo es, en cambio, si hablamos del Perú).
Hace algunos se años se dio inicio a una nueva actitud de los jueces del TC, el cual adquirió un papel más preponderante en el mundo jurídico, en particular por influencia de un personaje con nombre y un apellido: César Landa Arroyo. Él fue quien dio inicio al llamado periodo "academicista", bien descrito por Juan José Monroy Palacios:
"Se trató de un 'academicismo' entre comillas, ciertamente, porque no fue uno en serio. Lo que en los casos de bagatela sirvió para, de algún modo, mejorar la producción cualitativa de las sentencias del TC, en los casos económica y, sobre todo, políticamente más relevantes sirvió para justificar cualquier tipo de decisión en el sentido que fuere, claro, siempre sin causar mayores molestias al Ejecutivo y a los intereses vinculados directa o indirectamente a aquél. Para ello, era común el uso indiscriminado deslogans que sorprendían a los ingenuos (p.e.: 'hemos vivido una transición del Estado Democrático de Derecho al Estado Constitucional de Derecho'), pero que, en general, se traducían en banalidades tan genéricas o frases tan huecas que poco o nada aportaban a la argumentación del caso concreto.
Muchas sentencias, además, constituían un amasijo de citas de doctrina o sentencias extranjeras, si eran alemanas mejor, cuando no de autocitas (a sentencias precedentes) unidas entre sí por meros conectores lógicos. ¿Acaso quienes formaron esa ola “academicista” tienen alguna idea o siquiera se tuvo el cuidado de reflexionar acerca de lo delicado que resulta citar fuentes correspondientes a otros ordenamientos jurídicos? Pareciera que no. ¿El resultado? Decisiones largas y tediosas que sólo en un porcentaje menor de su contenido se dedicaronn a argumentar con claridad la forma cómo se había razonado para resolver el caso en cuestión.
Califico también de 'academicismo' entre comillas a ese período porque el TC fue controlado por un conjunto de teóricos, sobre todo un Juez aupado por un Juez/Político de innegable sagacidad (ya citado en la primera parte de estos comentarios) y varios asesores que nunca descubrieron que lo esencial de la teoría era mejorar la práctica, interactuar con ella, retroalimentarse de conocimientos no adquiridos en el pizarrón o en el manualillo. Nunca hubo nada de eso. El teórico del TC, en lugar de instruirse en las cuestiones prácticas más elementales, transformó su ignorancia en desprecio y el desprecio se reflejó en un trabajo ordinario, mal hecho
(...)
Pero el periodo “academicista” no sólo se limitó a ello: se caracterizó también por una utilización abusiva (llevando a su desnaturalización absoluta) de la técnica del precedente. Cegado por la soberbia 'academicista' que tomó el mando en el TC, éste comenzó a elevar cualquier fundamento jurídico a la categoría de precedente. Precedentes a diestra y siniestra comenzaron a inundar nuestro ordenamiento jurídico, algunos contradiciéndose entre sí, otros consagrados sin la debida difusión, otros de valor estrictamente teórico, produciendo un efecto inverso al que pretendía el TC pues, como era natural, estos factores muy pronto socavaron la autoridad del precedente y, consecuentemente, de la función misma del TC.".
Sin embargo, este pernicioso "academicismo" no fue a lo último que llegó el TC. Este órgano, como hemos tenido oportunidad de comentar, se ha excedido sistemáticamente en sus competencias, dedicándose a apabullar nada menos que a los poderes del Estado (sobre todo al Judicial y a la Corte Suprema, en la que seguramente ve a jueces de inferior jerarquía y capacidad intelectual) y proclamando, entre otras cosas, que sus sentencias equivalen a la Constitución misma, que ningún juez puede apartarse de sus semidivinos precedentes e, inclusive, si alguno lo hace incurriría en prevaricato (!).
El TC que, para desgracia nuestra, tenemos ahora, simplemente no tiene límites. No le importa nada, irrumpe en situaciones que no le competen, modifica la Constitución (esa mentada "interpretación de la Constitución por la Constitución" que lo llevó a modificarla en el caso Fetratel), hace y deshace normas con rango de ley, anula laudos arbitrales porque les parece que una penalidad es "draconiana", interpreta testamentos, deroga aranceles. La actitud de los miembros de este Colegiado es la típica de aquellos que, engolosinados con el poder, sólo obran para tener más poder. Así, tratando a los jueces del Poder Judicial como sus subordinados o condicionando la política arancelaria del Ejecutivo pretenden decirle a todos que no hay nadie por encima de ellos; pero en realidad es todo lo contrario, entre cacofonías y decisiones con un bajísimo nivel jurídico -lo cual se explica perfectamente pues nadie sabe de dónde han salido buena parte de los actuales miembros-, el TC ha tocado fondo.
Entonces, ¿en qué momento se jodió el TC? Respuesta: Cuando sus miembros equivocadamente creyeron dos cosas: i) que todas las controversias que se suscitan en el ordenamiento jurídico deben pasar por el Tribunal (basta recordar la vergonzosa "cosa juzgada constitucional"), y ii) que no hay límites para su actuación, sin ningún tipo de control . Pero no sólo eso. También cuando la soberbia -sobre todo de su actual presidente, Carlos Mesía-triunfa por sobre el sentido común.
Pese a todo, estoy seguro que esto tiene que llegar a su final, como decía el entrañable Héctor. Quizá en los próximos días aparezca una noticia-bomba que hará tambalear inclusive al más acérrimo defensor de esta nefasta Corte. Quién sabe, a lo mejor el Congreso se pone de una vez por todas los pantalones, y con los mecanismos que la Constitución le otorga, baja de su nube a estos jueces constitucionales que dicen respetarla.
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